La EM no me frena para sentirme orgullosa de mí mismo

Magali, 64, Brasil

Tuve el primer ataque de EM en 1977, cuando me diagnosticaron por error un derrame cerebral. Pasaron seis años hasta que tuve el diagnóstico correcto. Por aquel entonces, estaba inmóvil y necesitaba ayuda para todo. Había tocado fondo, pero mi familia me dejó claro que me podían ayudar y no sería una carga para ellos. Eso me aportó la inspiración que necesitaba para ponerme en marcha de nuevo. Nunca me gustó que la gente tuviera que hacer cosas por mí, así que me alegro de ser más independiente en estos momentos.

Las pequeñas cosas que puedo hacer en mi casa me hacen feliz. Barro el suelo, quito el polvo de los muebles, lavo los platos y la ropa. ¡Es curioso, porque nunca había hecho ninguna tarea del hogar antes, pero ahora realmente disfruto de ellas! He aprendido mucho de mi EM.

 

En vez de ir a bailar a las escuelas de samba, ahora me divierto haciendo y vendiendo productos de artesanía, que también me ayudan económicamente. Solía trabajar muchas horas, pero me he retirado debido a la EM. Ahora soy voluntaria en ABEM, una organización de EM en Brasil, donde me ocupo de la contabilidad.

He llegado a la conclusión de que la EM no puede ser tu enemigo, tienes que vivir con ello. Pero depende de mí. La EM puede caminar a mi lado, pero nunca delante de mí.